Abrir o dirigir un gimnasio puede parecer un negocio muy atractivo desde fuera. Cuotas recurrentes, cientos o miles de socios y un sector que sigue creciendo. Sin embargo, la realidad es más compleja, ya que no todos los gimnasios son igual de rentables ni todos los modelos generan el mismo beneficio.

La rentabilidad de un centro deportivo depende principalmente del modelo de negocio, los costes fijos, la capacidad de captar y retener socios y la eficiencia operativa. En 2026, la diferencia entre un gimnasio muy rentable y otro que apenas sobrevive puede ser enorme.

En este post te contamos qué tan rentable es tener un gimnasio en 2026, cuáles son los márgenes habituales según el tipo de centro y qué puedes esperar de este negocio.

Márgenes de ganancia según el tipo de gimnasio

Lo primero que debes saber es que no todos los gimnasios ganan dinero de la misma forma ni en la misma proporción. El tipo de centro determina cuánto se puede facturar, cuánto cuesta operarlo y qué margen queda al final.

Un gimnasio orientado al volumen, un estudio especializado o una franquicia parten de estructuras muy distintas. Por eso, hablar de rentabilidad sin diferenciar el modelo puede dar una idea equivocada del negocio. Veamos cuáles son los márgenes de ganancia habituales según el tipo de gimnasio.

  • Gimnasios tradicionales

El gimnasio tradicional funciona a base de volumen. Muchos socios pagando cuotas relativamente bajas para poder sostener instalaciones grandes, equipamiento costoso y un equipo humano amplio. Todo eso genera unos gastos fijos elevados que no desaparecen, aunque el centro no esté lleno.

Por este motivo, el margen de beneficio suele ser moderado. Lo habitual es que un gimnasio tradicional bien gestionado se mueva en torno a un 10 % — 30 %.

Esto significa que puede facturar cantidades importantes y aun así quedarse con un beneficio limitado. Si la ocupación baja o los costes aumentan, el resultado económico se resiente con rapidez. Es un modelo estable cuando funciona a plena capacidad, pero exigente en términos de gestión y control de gastos.

  • Gimnasios low-cost

El gimnasio low-cost está pensado para operar con costes mínimos. Cuotas bajas, servicios básicos, poco personal y mucha automatización.

Su rentabilidad depende casi por completo del número de socios activos. Cuando el volumen es alto, el modelo funciona. En condiciones normales, suele moverse entre un 10 % y un 20 % de margen.

A diferencia del gimnasio tradicional, no intenta ofrecerlo todo. Reduce servicios, optimiza el espacio y genera ingresos extra con opciones de pago adicionales. Es un modelo eficiente, pero muy dependiente de mantener la ocupación alta de forma constante.

  • Estudios boutique y centros premium

En esta categoría entran los centros especializados en clases dirigidas y grupos reducidos, como estudios de fitness boutique, yoga y pilates. Son negocios que no compiten por precio ni por volumen, sino por experiencia, atención cercana y un posicionamiento muy definido.

Su rentabilidad suele ser alta porque trabajan con cuotas más elevadas y estructuras de costes más controladas que un gimnasio grande. No necesitan miles de socios para funcionar bien, pero sí mantener las clases llenas.

Los estudios de fitness boutique normalmente alcanzan entre un 25 % – 40 %. En el caso de los estudios de yoga y pilates, lo habitual es moverse en torno a un 25 % – 30 % de beneficio, gracias a que requieren menos equipamiento y personal.

Este tipo de centros demuestra qué tan rentable es tener un gimnasio en 2026 cuando se apuesta por especialización y valor percibido en lugar de tamaño.

  • Box

Un box de CrossFit o de entrenamiento funcional no funciona como un gimnasio tradicional. Aquí casi todo gira alrededor de las clases dirigidas y del trabajo con grupos. Se necesita un espacio amplio tipo nave, material específico y entrenadores presentes en cada sesión.

Las cuotas suelen ser más altas, pero también lo son los costes operativos. El alquiler de espacios grandes, el desgaste del equipamiento y los salarios de los coaches pesan bastante en el negocio.

Cuando el box está lleno y la comunidad es fuerte, puede funcionar muy bien. Lo normal es que se mueva entre un 15 % y un 30 % de beneficio. No necesita miles de socios, pero sí que los grupos estén ocupados de forma constante.

  • Franquicias fitness

Las franquicias fitness tienen la ventaja de que el modelo ya está definido. Imagen, precios, operativa, marketing y procesos vienen marcados desde la central. Eso facilita la puesta en marcha y reduce errores típicos de un centro independiente.

El problema es que esa estructura también tiene un coste. Hay que pagar canon, royalties y cumplir con estándares que limitan la capacidad de ajustar gastos o tomar decisiones propias. Por eso, aunque puedan mover un volumen alto de socios, el beneficio final suele ser más ajustado.

En la práctica, la rentabilidad de un gimnasio franquiciado ronda entre 15 % – 25 %. Es un negocio más estable y previsible, pero con menos margen para optimizar o escalar beneficios por iniciativa propia.

Factores clave que afectan al beneficio de un gimnasio

La rentabilidad de un gimnasio no depende únicamente de cuántos socios tenga. Es el resultado de cuánto cuesta mantener el negocio y de cuánto dinero aporta cada cliente.

Dos centros con el mismo número de usuarios pueden obtener resultados completamente distintos si su estructura es diferente. Algunos factores son:

  • Formato de negocio: Cada modelo tiene una estructura distinta de ingresos y costes. Un boutique puede vivir de precios altos con menos clientes, un low-cost necesita volumen y una franquicia asume gastos adicionales.
  • Coste del local: El alquiler suele ser el gasto más grande. Un espacio sobredimensionado o en una zona cara obliga a generar más ingresos solo para cubrir ese coste fijo.
  • Precio medio por socio: Determina cuánto aporta cada socio al mes. Cuotas bajas obligan a tener muchos clientes para alcanzar el punto de equilibrio.
  • Número y estabilidad de socios: No basta con captar gente. La rentabilidad depende de mantener una base estable que pague de forma recurrente.
  • Salarios: Los salarios son uno de los gastos más difíciles de ajustar. Un equipo más grande de lo necesario reduce el beneficio incluso con buena facturación.
  • Gastos operativos: Electricidad, mantenimiento, software o limpieza son costes continuos que afectan directamente al margen.
  • Ingresos adicionales: Servicios como entrenamiento personal o programas específicos aumentan la facturación sin necesidad de ampliar instalaciones.
  • Retención de clientes: Mantener socios es más barato que captar nuevos. Una alta permanencia estabiliza los ingresos y mejora el beneficio.
  • Gestión financiera y operativa: Revisar números, controlar gastos y tomar decisiones con datos evita desviaciones que pueden hacer que un negocio rentable deje de serlo.
  • Capacidad de atraer nuevos clientes: Sin un flujo constante de altas, cualquier baja afecta al resultado económico.

¿En cuánto tiempo empieza a ser rentable un gimnasio?

Si quieres abrir un gimnasio, tienes que saber que este no genera beneficios desde el primer mes. Lo normal es pasar por una fase inicial en la que los ingresos se destinan a cubrir la inversión y los gastos fijos mientras la base de socios crece.

En la mayoría de los casos, un centro tarda entre 1 y 3 años en ser realmente rentable. Algunos lo consiguen antes, otros tardan más, según cómo esté planteado el proyecto.

  • Periodo típico: El primer año suele centrarse en captar clientes y dar a conocer el centro. A partir del segundo, si la ocupación es estable, empiezan a aparecer beneficios reales.
  • Influencia de la inversión inicial: Cuanto mayor sea la inversión en local, equipamiento o reformas, más tiempo se necesitará para recuperarla. Los modelos con menor inversión suelen alcanzar el equilibrio antes.
  • Captación: Conseguir socios desde la apertura es clave. Un arranque lento alarga mucho el tiempo necesario para cubrir gastos fijos y alcanzar números positivos.

Lo que debes tener claro si estás valorando la rentabilidad de un gimnasio

A lo largo de este artículo hemos visto que un gimnasio empieza a ser rentable cuando varias piezas encajan a la vez: el tipo de centro que se ha creado, los gastos que hay que cubrir cada mes, lo que paga cada socio y, sobre todo, la capacidad de mantener una base estable de clientes sin depender constantemente de nuevas altas.

Hay centros grandes con muchos usuarios que dejan poco beneficio y otros más pequeños que funcionan con números sólidos. Todo está en cómo está planteado el negocio y en el control diario de los gastos.

Los gimnasios que trabajan con planificación y datos suelen tener resultados más estables. Cuando las decisiones se toman sin un rumbo claro, el negocio se vuelve impredecible y cualquier cambio se hace evidente.  

Si quieres seguir aprendiendo sobre qué tan rentable es tener un gimnasio en 2026 y cómo mejorar los resultados de tu centro, en MPG compartimos contenido pensado para dueños y gerentes que buscan crecer con orden.

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